Quiste óseo aneurismático en apófisis espinosa de T1
Autores
Santamaría López, Ana; Lage de la Chica, Nuria del Mar; Aparicio Sebestyen, Íker; Vázquez Vecilla, Iria Carla
Centros de trabajo
Hospital Universitario de Getafe, Madrid
Nota
Caso seleccionado para ser presentado en el 40 Congreso Nacional GEER, en el Curso Satélite: IV Certamen de Casos Clínicos de Residentes #Retoalraquis.
Paciente varón de 14 años con dolor a nivel dorsal de un año de evolución. El dolor es continuo, opresivo y localizado en la región cervicotorácica. No se irradia a otras localizaciones y ha ido en aumento de manera progresiva en el tiempo, siendo refractario a analgesia convencional. Niega antecedentes traumáticos ni fiebre. No presenta alteraciones motoras ni sensitivas.
Exploración neurológica normal. Dolor a la palpación de apófisis espinosa de T1 y musculatura paravertebral izquierda. Ausencia de deformidades ni limitación de la movilidad cervical o dorsal.
La radiografía y la tomografía computarizada (TC) evidenciaron una lesión osteolítica expansiva en elementos posteriores de T1. La resonancia magnética (RM) mostró múltiples cavidades quísticas con niveles líquido-líquido, captación periférica de contraste, ausencia de compresión medular, compatible con quiste óseo aneurismático (QOA). La arteriografía cervicotorácica mostró hipovascularización de la lesión.
Quiste óseo aneurismático primario de apófisis espinosa de T1.
Se realizaron cuatro sesiones de esclerosis percutánea con lipiodol bajo control escópico entre 2010-2011 por parte del servicio de Radiología Intervencionista. No se observaron complicaciones ni signos de inestabilidad vertebral.
Durante los 15 años de seguimiento (2010-2025), las RM y TC seriadas no mostraron progresión de la lesión. Se apreció afectación residual en láminas y facetas izquierdas de T1 y siringomielia leve T6-T10, estable en el tiempo. El paciente permaneció asintomático, con episodios autolimitados de dolor dorsal leve y ausencia de déficit neurológico.
El QOA vertebral es una lesión rara y agresiva localmente. Su localización en T1 es excepcional. Clásicamente se ha recomendado la resección en bloque o intralesional, sin embargo, muestran tasas de recurrencia del 20-30% (1, 2). En nuestro caso, la esclerosis percutánea logró una estabilidad duradera de la lesión tras 15 años, con preservación neurológica y estabilidad vertebral. Este resultado muestra que el tratamiento mínimamente invasivo, en algunas lesiones espinales seleccionadas, puede evitar la morbilidad de la cirugía abierta.
1. Boriani S, et al. Aneurysmal bone cyst of the mobile spine: report on 41 cases. Spine (Phila Pa 1976). 2001; 26(1): 27-35.
2. Zileli M, et al. Aneurysmal bone cysts of the spine. Eur Spine J. 2012; 21(11): 2085-2091.
3. Okuda A, et al. An aneurysmal bone cyst at T1 treated with bone grafts following curettage and intralesional therapy. J Orthop Case Rep. 2019; 9(3): 32-35.
4. Eun JP, Oh YM. A case report of aneurysmal bone cyst of the thoracic spine treated by serial anterior and posterior fusion. Medicine (Baltimore). 2019; 98: e17695.
5. Amendola L, et al. Aneurysmal bone cyst of the mobile spine: the therapeutic role of embolization. Eur Spine J. 2013; 22(3): 533-541.
6. Palmisciano P, et al. Aneurysmal bone cyst of the spine in adult patients. Clin Neurol Neurosurg. 2022; 215: 107187.

