Desafío espinopélvico: disociación y radiculopatía lumbosacra en paciente precipitado
Autores
Vicente García, Jesús; Barrueco Fernández, Manuel; Guijarro de la Hoz, Javier; Collado Gosálvez, Alicia
Centros de trabajo
Hospital Clínico San Carlos, Madrid
Paciente mujer de 30 años que acude traída por los servicios de emergencias tras precipitarse de un segundo piso en supuesto contexto autolítico.
• Dolor a la palpación de la pelvis.
• Hipoestesia en territorio de L5 y S1 de MII con dificultad para la flexión dorsal y plantar del pie (2/5).
• Sensibilidad perineal conservada, esfínter anal con tono conservado, contracción anal voluntaria conservada, reflejo bulvocavernoso presente.
• AO N1.
Rx: fractura conminuta de ambos calcáneos.
Body-TC: fractura multifragmentaria de sacro, fractura de acetábulo izquierdo y fractura de ramas ilio e isquiopubianas izquierdas.
RM: fractura conminuta de sacro, sangrado epidural y entre las raíces de la cola de caballo desde L3.
Fractura conminuta de sacro con disociación espino-pélvica (AO C3, Roy-Camille 2).
Cirugía programada mediante fijación percutánea con tornillos pediculares en niveles L4-L5. Fijación espinopélvica bilateral mediante dos tornillos ilíacos. Tornillo iliosacro izquierdo. Sin descompresión asociada.
Durante el postoperatorio inmediato la paciente evoluciona sin complicaciones con fuerza y sensibilidad de las cuatro extremidades conservada. A los 6 meses de seguimiento, movilidad del tobillo y pie izquierdos conservadas (5/5).
La disociación espinopélvica es una lesión poco frecuente y grave que ocurre típicamente debido a fracturas transversales y verticales bilaterales del sacro, resultando en la pérdida de continuidad entre la columna vertebral y la pelvis. Habitualmente se asocia a un mecanismo de alta energía y genera un riesgo elevado de desplazamiento secundario y compromiso neurológico, especialmente del plexo lumbosacro. La incidencia de afectación neurológica en los pacientes que presentan dicha lesión se encuentra entre el 33% y el 68%, siendo la disfunción vesical e intestinal la manifestación más frecuente. El diagnóstico requiere imágenes avanzadas, principalmente la tomografía computarizada, para caracterizar la fractura y planificar el tratamiento. Existe consenso en que el manejo de este tipo de lesiones es quirúrgico. Las técnicas más empleadas incluyen la osteosíntesis mediante tornillos iliosacros, fijación lumbopélvica o combinaciones que buscan restablecer la continuidad espinopélvica y la estabilidad tridimensional, siendo la fijación triangular la que ha demostrado mayor estabilidad vertical y horizontal. La precocidad en la intervención quirúrgica es un factor determinante para optimizar los resultados, reducir complicaciones y facilitar la rehabilitación postoperatoria. Por otra parte, es importante subrayar que la disociación espinopélvica puede tener repercusiones a largo plazo, incluyendo dolor crónico, alteraciones de la marcha o limitaciones funcionales.
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